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dimecres, 26 de novembre del 2014

EL ROL DEL FORMADOR DE ADULTOS




ASPECTOS METODOLÓGICOS DE LA FORMACION DE ADULTOS. ROL DEL FORMADOR DE ADULTOS


Rosa Ameijeiras Saíz

        El acceso del adulto a la formación se produce en función de diferentes motivaciones. En algunos casos se trata de dar respuesta a unas necesidades básicas, encaminadas a sobrevivir. Cuando éstas han sido satisfechas, empiezan a surgir otras de un nivel más elevado, cómo las de seguridad, ya sea personal ó laboral, las sociales, cuyo fin es sentirse aceptado, querido ó estimado, las referidas al propio auto- concepto personal, que intentan potenciar aspectos de autonomía ó competencia personal, social ó laboral, y, por último, las de realización -ó más bien auto- realización,- con las que pretendemos potenciar nuestros aspectos más humanos, más espirituales y creativos.

        Las características propias del adulto, de las que hablaré a continuación, van a condicionar el tipo de intervención educativa y el papel -o "rol" - del formador de adultos. Pero, además, a éstas particularidades, debe añadirse un esfuerzo añadido: El de conjugar y responder a los diferentes y muy diversos puntos de partida de cada uno de los adultos a los que tenemos que ayudar en su formación.



CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL APRENDIZAJE ADULTO

         A la hora de enfrentarnos cómo formadores a un grupo de adultos, es lógico que - cómo adultos que también somos, - acudamos a nuestras propias experiencias de aprendizaje, ya sea de nuestro período infantil ó juvenil. Es lógico, también, que recurramos a principios metodológicos que nos han sido aplicados , y a recursos ó vivencias educativas que hemos experimentado. Sin embargo, hay algunos aspectos característicos de la forma de aprender de la persona adulta, que deben ser tenidos en cuenta. Señalaremos algunos de las más importantes, ya que luego, a su vez, van a tener su incidencia en el diseño de la metodología que apliquemos.


1- CONCEPTO DE SI MISMO

          Los niños y los jóvenes tienden a ser dependientes. Todo el mundo entiende que se les aconseje, oriente y hasta se les impongan ciertos criterios ó alternativas. El adulto,- aún cuando no sea cierto totalmente- se considera a sí mismo cómo una persona autónoma y responsable de sus actos. Este auto- concepto de sí mismo, exige de los demás respeto y comprensión de su capacidad y competencia para dirigir su propia vida. Por lo tanto, no admitirá que se le trate cómo si fuera un niño, que se cuestione su capacidad de decisión, se le diga constantemente lo que tiene ó no tiene que hacer, ó se le mande callar.


Consecuencias metodológicas

          De acuerdo con la premisa anterior, deberemos cuidar con esmero el entorno físico y material en el que va a desarrollarse la formación de la persona adulta, ya que nuestro interés debe estar en crear un "buen ambiente", que facilite la interacción y el trabajo mutuo. Debemos considerar, que éste entorno no siempre tiene porqué responder a las estructuras espaciales y físicas tradicionales de un aula.
        El adulto puede reflexionar y valorar por sí mismo sus capacidades y sus necesidades. Para ello, deberemos utilizar técnicas que potencien su capacidad de análisis y no imponerlas nosotros sin su participación activa.

          La persona adulta pude participar en el diseño de su formación y en su auto- evaluación. Necesitaremos para ello, métodos que fomenten la participación y la resolución de conflictos en el grupo, que deberemos utilizar cómo medio de aprendizaje.


2- EXPERIENCIA.

          La experiencia vital que acumula el adulto difiere de la del joven. Su dependencia del profesor ó formador es menor, se acomoda bien a nuevos conocimientos que estén relacionados con sus propias experiencias pasadas, que obviamente son mas numerosas que las del joven. Tienen más desarrollados ciertos hábitos: toma de decisiones, razonamiento o búsqueda de recursos. Sin embargo, en otros aspectos necesitan más estimulación cómo en el trabajo en equipo ó el desarrollo creativo.

Consecuencias

          Esta característica nos obliga a plantear una metodología que supere la llamada "clase magistral", ó los apuntes tradicionales, para concentrarnos en métodos que faciliten más el aprendizaje en grupo, la discusión ó el razonamiento y que permitan el enriquecimiento de todos basándose más en la experiencia de los participantes: Estudio de casos, Role- Playing, Método de proyectos, trabajos en equipo...En general, métodos que les permitan reflexionar y aprender de sus propias experiencias en un ambiente adecuado que no inhiba ó amenace su natural manifestación.


3- MOMENTOS PARA APRENDER

           El adulto pasa por diferentes etapas en su evolución vital, que condicionan sus intereses y motivaciones para aprender.

        Podemos distinguir las más importantes:

1ª- Elección compañero, iniciación vida personal, crianza de los hijos, incorporación círculo social, de amigos...

2ª- Profundización relaciones conyugales, mantenimiento nivel económico, ascenso escala profesional, plenitud de responsabilidades cívicas y sociales, actividades adultas, de ocio..

3ª- Etapa de madurez, aceptación de la disminución de las facultades físicas, proceso de jubilación, aceptación muerte del cónyuge, entorno físico satisfactorio, ocio.

          Las distintas etapas, marcan diferentes roles a desempeñar: por parte del adulto: compañero, trabajador, padre, esposo, hijo, ciudadano, miembro de una organización... Por lo tanto, los intereses que le motivan a formarse van a ser diferentes: Desde conseguir un empleo y posteriormente adquirir técnicas ó destrezas especiales para dominarlo y promocionarse profesionalmente a puestos con más responsabilidad, hasta la adquisición de competencias sociales que le permitan desenvolverse mejor cómo padre- madre, miembro activo de una sociedad ó ciudadano.

Consecuencias

        Los contenidos de aprendizaje deben depender más de éstos momentos vitales del adulto y de sus intereses, que de la lógica de una materia ó una asignatura concreta. En algunos momentos, los grupos serán homogéneos, con particularidades o características evolutivas comunes. En otros, nos encontraremos con grupos más heterogéneos o deberemos formarlos nosotros mismos, si tenemos que enfrentarnos a unos objetivos de formación comunes.


4- PERSPECTIVA PERSONAL

        La perspectiva temporal del niño ó del joven es muy diferente de la del adulto. En el primer caso, la aplicación práctica de los conocimientos adquiridos deberá posponerse ó esperar por tiempo indeterminado, pero siempre en clave de futuro. Lo aprendido pasará a formar parte de un conjunto de conocimientos, habilidades, destrezas ó técnicas cuya utilidad será rentabilizadas a lo largo de la vida adulta.

        En el caso del adulto, se acomete la decisión de aprender respondiendo a una urgencia vital, ya sea personal, laboral ó social, que le exige unos conocimientos ó destrezas que puedan ser aplicadas inmediatamente y que le sirvan para solucionar su problemática presente.

        Por otra parte, el tiempo del que dispone para su formación, puede ser considerado por el adulto cómo un tiempo perdido, a pesar de serle necesario para resolver sus problemas actuales.


Consecuencias

        Las características anteriores obligan a considerar cómo punto de partida de nuestra labor educativa, la problemática que sustenta la necesidad formativa del adulto y responder de forma coherente a sus expectativas.

        Por otro lado, el tiempo del que disponemos no es sólo nuestro, y va a ser enjuiciado con más rigor, por lo que deberemos buscar la eficacia en la formación y una relación equilibrada entre contenidos y duración de las actividades diseñadas.


EL ROL DEL FORMADOR DE ADULTOS

        Cómo hemos podido observar a lo largo de las reflexiones anteriores, el papel ó "rol" del formador de adultos, tiene unas peculiaridades que intentaremos resumir a continuación.

        Desde un punto de vista metodológico, debe estar adecuadamente preparado en técnicas y modos de intervención ajustados a las necesidades del adulto: Enseñanza participativa, trabajo en equipo, estudio de casos, técnicas creativas... 

        Desde un punto de vista personal, asumir su función de mediador ó facilitador del aprendizaje, y un convencimiento claro de su papel de "aprender junto a", potenciando una adecuada relación con y entre los alumnos, buscando de forma constante respuestas de comprensión y asimilación, lo que le exige un "talante pedagógico" abierto y receptivo, y en constante disposición de escucha y auto- evaluación.

dimarts, 14 d’octubre del 2014

EL FORMADOR


El formador

Junto con el grupo de los alumnos o destinatarios de la formación, el formador el otro protagonista esencial en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en la inter ción didáctica que se produce en el seno de dicho proceso.

a} Funciones del formador

Básicamente, el formador debe presentar las Sientes actitudes:

El formador debe facilitar y ayudar pedagógicamente a sus alumnos, siendc consciente de su obligación de hacer posible que puedan desarrollar todas sus potencialidades en cuanto a habilidades, aptitudes, etc. En este sentido, todo formador debe ser:

            * Auténtico, al ser capaz de ser congruente, auténtico y sincero respecto de
su interacción con los alumnos.

            * Empático, al desarrollar la capacidad de captar la intensidad emocion
que los mensajes de los alumnos puedan expresar.

            * Considerado, mediante el respeto y el aprecio, en su justa medida, de las
manifestaciones afectivas de los alumnos.

Todo ello acompañado de un clima de diálogo humano, que contribuya a crea: un adecuado ambiente de seguridad para eliminar las posibles dificultades que puedan surgir.

El formador debe enseñar de tal forma que, cuando un alumno se enfrente al hecho de adquirir nuevos conocimientos, habilidades o actitudes, estimule apropiadamente su capacidad de análisis, la síntesis, la capacidad crítica, la posible aplicación de los conocimientos adquiridos, y la evaluación. Por tanto, facilita la información y adiestra en el uso de nuevos procesos pedagógicos, asegurándose de que los alumnos aprenden lo que tienen que aprender, y según los objetivos y expectativas previstos. El formador debe organizar, así como planificar y gestionar la acción formativa, y para ello debe:

            *          Establecer para cada acto formativo los objetivos partiendo de las      propias necesidades del grupo.

            *          Organizar y seleccionar los distintos tipos de contenidos, así como    las actividades y los recursos didácticos más apropiados.

            * Evaluar el proceso y los resultados conjuntamente con los alumnos.
            Proponer, usar, sugerir, explicar, resumir, etc., los conocimientos que se
            van adquiriendo en cada sesión formativa.

            * Ser capaz de interpelar al grupo de alumnos o al alumno concreto para
            suscitar la capacidad de investigación y la participación activa de todos.

El formador debe regular y/o catalizar la buena, correcta y adecuada cohe      sión del grupo de alumnos, estando alerta ante posibles tensiones y conflictos, haciendo que los objetivos individuales reviertan siempre en los objetivos comunes.

Del equilibrio de estas cuatro actitudes se derivará una adecuada solidez y cohesión en la práctica docente del formador, haciendo que su actividad esté compensada en todo momento y adaptada según las circunstancias que vayan surgiendo a lo largo de todo el proceso de enseñanza-aprendizaje .


Perfil del formador

Si un formador concreto aspira a desarrollar su cometido con la adecuada competencía. eficiencia y profesionalidad, debe reunir una serie de cualidades, así como los conocimientos, habilidades y actitudes adecuadas. Grappin, ayudándose de un símil anatómico, establece las cualidades que debería reunir un verdadero formador. En este sentido, afirma que los formadores son mujeres y hombres que deben tener "algo en la cabeza, en el estómago y el corazón". Veamos por qué:

En la cabeza, respecto del fondo y la forma, ya que debe dominar la materia que imparte, saber situarla en el espacio y en el tiempo, y saber organizarla aclarando y expresando sus distintos aspectos.

En el estómago, respecto a la capacidad para poder aguantar con entereza un auditorio concreto sin irritarse a pesar de que haya motivos para ello, sabiendo dirigirlo sin caer en la dictadura, posibilitando la expresión de las individualidades sin que perjudiquen a la generalidad del grupo, y siendo riguroso respecto a los objetivos y programa establecidos al mismo tiempo que tolerante.

En el corazón, amando su oficio de formador, formando e informando para descubrir, comprender y admitir sus propias dificultades, ayudando a los alumnos a que consigan estar seguros de su aprendizaje y de sí mismos, corrigiendo, si procede, sus propias concepciones sin provocar confusión entre lo que interesa y.lo que es de su interés. Ser generoso y estar disponible.

Una cuestión a tener en cuenta, y que no debemos confundir nunca en cuanto a la competencia profesional se refiere, es la que se deriva de las diferencias entre un formador y un responsable de formación, ya que no es lo mismo uno que otro. En el cuadro que sigue se expresan los perfiles de ambos










   
DIFERENCIAS ENTRE EL FORMADOR Y EL RESPONSABLE DE FORMACIÓN

Carácteristicas
Formador
Responsable de formación
Competenciales

- Técnicas y tecnologías formativas.
- Diagnóstico de necesidades de formación.
- Análisis de puestos de trabajo y per-
files profesionales correlativos.
- Evaluación de la formación.

- Técnicas formativas.
- Plan de formación.
- Planificación estratégica.
Empresariales.
- Recursos Humanos.
- Formación de Formadores.

Conductuales

- Capacidad pedagógica y docente.
- Capacidad de síntesis.
- Minuciosidad.
- Observación de conductas.

- Técnicas de presentación.
- Conductas creativas.
- Técnicas de negociación.
- Habilidades sociales.

Actitudinales
- Trabajo en grupo.
- Responsabilidad.
- Motivación por metas a corto plazo.
- Desarrollo de conductas asertivas.

- Flexibilidad frente al cambio.
- Trabajo en grupo.
- Motivación de logro elevada.
- Motivación por metas a largo plazo





Con todo ello, se podría afirmar que un buen formador debería reunir las siguierr
tes cualidades básicas:

POSIBLES CUALIDADES DE UN BUEN FORMADOR
CONOCIMIENTOS
ACTITUDES
HABILIDADES
- Un nivel cultural medio/alto.

- Especialista en la materia a impartir.

- Con conocimientos gene-
rales tanto empresariales
como laborales.

- Preparación pedagógica.

- Capacidad de flexibilidad y. adaptación.

- Buen comunicador y transmisor.

- Elevada capacidad de investigación, renovación y creatividad.

- Capacidad para el trabajo en grupo

- Buen planificador, gestor y organizador de la forma-
ción.

- Destreza en el manejo de
métodos, técnicas y recursos didácticos.



.


c) Características comportamentales del formador

Cuando el formador se encuentra en pleno acto formativo puede desarrollar distintos comportamientos ante el grupo de los alumnos, y cuya eficacia dependerá de las circunstancias concretas en que se desarrolle la acción formativa. Tomando como base los planteamientos propuestos en este sentido por Cesse', los comportamientos que el formador puede presentar pueden ser de dos tipos: convencionales y no convencionales.

Comportamientos convencionales: los presenta el formador en el contexto de un enfoque más o menos convencional de la formación y suelen ser a los que más se recurre.

Las preguntas abiertas: que pretende recoger el máximo de información posible de los alumnos, ya que suscita con ella la participación activa, apela a las aportaciones individuales y enriquece la reflexión en grupo, y verifica el nivel que los participantes presentan respecto al tema que se está tratando para poder ajustar luego sus intervenciones a dicho nivel.

Los silencios pedagógicos: que proporcionan a los alumnos un máximo de tiempo en el uso de la palabra, ya que, después de lanzada la pregunta, el formador guarda silencio para conceder a los alumnos el tiempo necesario para que reflexionen y se decidan por la respuesta.

La remisión al grupo: en donde el formador solicita del grupo que responda a las preguntas que los mismos alumnos le dirigen a él. 1.0 que permite al formador reflexionar sobre la respuesta que se debe dar a la cuestión planteada, al mismo tiempo que ofrece a los alumnos la posibilidad de intervenir de forma más protagonista en los debates (utiliza al grupo como recurso). Se trata de un método idóneo para comprobar el nivel del grupo con respecto al tema que se, trata.

El uso de historias y metáforas: en donde se introduce una historia o relato de una experiencia vivida con la intención de que se comprendan mejor los puntos tratados, los alumnos se relajen, se relacione la teoría y/o conceptos presentados con la realidad, y se motive a los alumnos ampliando el campo de reflexión.

La reformulación: que consiste en que el formador reformula o repite los comentarios de los alumnos usando los mismos conceptos, con lo cual demuestra que realmente escucha a los alumnos y se asegura que todos los participantes han retenido la información proporcionada por alguno de ellos. También sirve para conceder más tiempo en la respuesta a cualquier cuestión que se plantee por parte del grupo, y cuando ésta se sigue de silencios.

La elaboración constructiva: consiste en partir de una idea emitida por los alumnos y en la que el formador desarrolla un tema relacionado con lo tratado, o distinto, si lo estima conveniente. Posibilita la profundización en el tema relacionando ideas con otras ya tratadas o que se van a tratar, al mismo tiempo que se racionaliza el orden de tratamiento y estudio de los distintos puntos del tema.

Las síntesis periódicas: en donde el formador resume, al finalizar cada sesión o unidad didáctica, lo que se ha tratado, de tal forma que se concreten los aspectos esenciales del.mensaje pedagógico y, si procede, enlazar con lo que se va a tratar posteriormente.

La regla de tres, consistente en tres pasos: primero, anunciar lo que se va a decir; segundo, decirlo, y tercero resumir lo que se acaba de decir. Con este comportamiento pedagógico se pretende dar unidad a cada mensaje o sesión formativa.             .

Las expectativas hacia los alumnos: es decir, la confianza que se tenga en el éxito de los alumnos por parte del formador influye en los logros de aquellos. O, lo que es lo mismo, si se confía en que un alumno está capacitado para conseguir buenos resultados, al final acaba consiguiéndolos; y al contrario, si creemos que un alumno obtendrá malos resultados no le prestaremos tanta atención y seguramente fracasará. Con esta actitud se pretende apoyar permanentemente el proceso de aprendizaje, generando confianza y seguridad en el alumno y potenciando el desarrollo de cualidades y habilidades.

También llamado efecto Pigmalión, y más que un comportamiento se trata de un principio de carácter general que debe orientar cualquier actuación del farmador en el aula y con el grupo de alumnos.

Los comportamientos no convencionales: este tipo de comportamiento en el formador depende, sobre todo, de las propias características del grupo formativo y se usan tanto como los convencionales,

El formador que "no comprende": con este comportamiento simulado el formador plantea una serie de preguntas que reformula malo hace inadecuada mente de forma intencionada con la intención de forzar a los alumnos a que profundicen y precisen sus ideas y argumentos, El riesgo está en que suele crear frustración entre los participantes y también desencadena reacciones neqativas".

El alumno puede sentir y pensar que como es incapaz de comprender la pregunta lo mejor es dejar de participar (repliegue en sí mismo) o bien puede tomar una actitud negativa (agresiva).

El formador como provocador: tiene por objeto suscitar y desarrollar el juicio crítico en los alumnos e impulsarlos a que maticen sus posturas haciendo que reformulen sus argumentos con exaqeración. Puede ocasionar cierto bloque o actitud negativa para proseguir en los alumnos.

La llamada "pedagogía de la provocación" se basa en unas actitudes (1. Que el adulto sabe lo que quiere y que es capaz de aceptarse para lograr sus objetivos; 2. Que el papel del formador es el de estimular a cualquier costa la reflexión del alumno/a; 3. Que el conflicto entre formador y alumno es aceptado y deseado por ambos.) y unos comportamientos determinados (1. El fonador provoca al alumno usando generalizaciones; 2. El formador lleva sus razonamientos al extremo y provoca el "choque" con los alumnos; 3. El formador usa expresiones como "todos", "nadie", "siempre", "nunca", "imposible", etc.).

La desviación pedagógica: en este caso el formador responde de pasada a las cuestiones que suscitan los alumnos, intentando con ello desviar el diálogo sobre el tema de reflexión y sugiere al mismo tiempo otras pistas posibles como elementos de análisis. Con ello se pretende fomentar la posibilidad de otros puntos de vista, la creatividad o la posibilidad de examinar las cuestiones desde otras perspectivas nuevas,



La pedagogía del error: en ella se cometen voluntariamente errores por parte del formador en la exposición o demostración de tal forma que se mantenga la atención de los alumnos (que han sido prevenidos previamente por el formador) para que detecten los errores y corregirlos a su debido tiempo, dando con todo ello un carácter activo de reflexión en los alumnos.

El formador sarcástico: en este caso el formador realiza comentarios sarcásticos respecto de los alumnos intentando provocar en los mismos reacciones de afirmación y la voluntad de demostrar sus conocimientos y competencia. El alumno intentará demostrar que no es tan estricto o intransigente como pretende el formador, probando que es tan capaz como los demás al tiempo que demuestra el error en el formador.

d) Otras situaciones provocadas por el formador

El formador, además de plantearse continuamente cómo debe actuar para que el acto pedagógico sea lo más motivador, estimulante y eficaz posible, debe contemplar otras situaciones concretas derivadas de su actuación y comportamiento como tal, así como en su relación con el grupo de alumnos. Debe, por tanto, adolecer de cierto don para ser capaz de comunicarse y de mantener relaciones interpersonales, así como para concentrarse en los contenidos como tareas, y en el proceso didáctico en que se esarrollan como relaciones. Desde esta óptica, dentro del aula o grupo de clase se pueden presentar tres tipos de situaciones pedagógicas concretas:


SITUACIONES PEDAGÓGICAS
SITUACIÓN AMBIGUA
SITUACIÓN ESTABLE
SIT. MUY ESTABLE

- Motivación de los alumnos escasa.

- Objetivos poco claros.

- Autoridad del formador no firme en cuanto a conocimientos y posición social dentro del grupo


- Fuerte / debil motivación de los alumnos

- Objetivos poco/muy claros.

- Autoridad del formador
poco/muy firme.


- Motivación de los alumnos fuerte

- Objetivos pedagógicos muy
claros

- Autoridad del formador muy firme.
Actitud del formado ante cada una de las situaciones pedagógicas.

Se centrará en el contenido pedagógico clarificando los objetivos formativos, seleccionando las prioridades y determinando los módulos síntesis sistemáticas y evalúaciones periódicas.

Orientará hacia el proceso pedagógico, clarificando las expectativas de los alumnos, intensificando la comunicación y la motivación, y creando un espíritu de equipo.


Se centrará en el contenido pedagógico, haciendo que se adquieran aptitudes y conocimientos relativos al tema pedagógico, discutiendo su aplicación, expío- randa los temas y analizándolos con detenimiento.


Todo ello en un clima de relación auténtica con los alumnos basada en la confianza, la estimulación intelectual, la expresión mutua de sentimientos y jovialidad, superando limitaciones sociales y culturales, y siendo uno mismo.







Otro aspecto a tener en cuenta por el formador es que debe remover cualquier obstáculo y ser capaz de mantener la motivación de los alumnos, y para conseguirlo debe incidir de forma continua tanto en el entorno pedagógico como en el mismo acto pedagógico.

Incidiendo en el entorno pedagógico: de tal forma que al incidir sobre él se refuerce la motivación, siempre que conduzca a eliminar aquellos factores que no son motivadores. Para ello debe tener en cuenta factores tales como la relación formador-alumno, las condiciones materiales de aprendizaje (aula, recursos, ambiente), la autoridad que ejerza el forníador y el sentimiento de seguridad de los propios alumnos.

Incidiendo sobre el acto pedagógico: es decir, sobre aquellos elementos propios de dicho acto, que, como consecuencia, incide directamente sobre la motivación del alumno. Se consigue haciendo al alumno responsable de su propio aprendizaje, haciendo que se desarrolle personalmente a partir de la adquisición de aptitudes y conocimientos (ser más y mejor), organizando el proceso de aprendizaje para que al alumno le resulte lo más fácil posible conseguirlo, y haciendo que el aprendizaje sea atractivo y se reconozcan los progresos conseguidos por los alumnos, para que se siente apoyado, animado y sostenido.

Finalmente, el humor y el suspense son dos aspectos a tener en cuenta en la incidencia que el formador puede tener en el grupo de alumnos, ya que todo acto formativo no deja de ser una "representación" en un escenario (clase) que cumple con los requisitos de una puesta en escena, al presentar la intriga, el desarrollo y el desenlace de la acción, unido todo ello a ciertas dosis de suspense que hace más eficaz el acto formativo, en tanto que provoca expectación e interés.

El humor formativo: permite que las discusiones se desarrollen con la menor tensión posible, facilita la consolidación del grupo al establecerse entre sus miembros una reacción afectiva común, suavizando los posibles conflictos y confrontaciones que surjan, a la vez que crea una cierta complicidad entre formador y alumnos y provoca momentos de esparcimiento y relajación de tensiones.

El suspense formativo: teniendo en cuenta que cualquier acto formativo conlleva ciertas dosis de concentración de energía manifestada en la velocidad del intercambio de ideas, si dicha energía es baja y se hace lenta y pesada la intervención pedagógica y la interacción casi no existen, el formador debe propiciar situaciones de drama y suspense haciendo que su intervención se produzca de forma que el "misterio" o "suspense" se descubra poco a poco, usando variedad en los métodos pedagógicos y provocando, con ello, que en los alumnos surja el ansia por conocer.


dijous, 25 de setembre del 2014

ESTILOS DE DIRECCIÓN

 ESTILOS DE DIRECCIÓN

INTRODUCCIÓN

            En el aprendizaje no sólo influyen los objetivos, métodos y técnicas, sino que la relación persona a persona es un aspecto central en la formación, el ambiente humano será el resultado de estas relaciones.
            Los estilos de enseñanza o estilos de dirección son los modos o formas en que el docente enfoca su comportamiento en la formación. Estos modos están Influenciados por la filosofía, ideas e incluso por la concepción del mundo y ti 1 hombre por parte del formador. Y aquí la personalidad del docente, va a r el molde de sus acciones y el modelo de sus alumnos. La actitud y el método de dirección del formador crean una auténtica umósfera de la que dependerá que aumente o disminuya el placer que el grup iente en la situación de formación y en consecuencia la eficacia del aprendizaje.
            El formador debe desempeñar varios roles en el aula, uno de estos roles S el formador como animador y líder del grupo. Bany y Johnson (1975) ircen que el liderazgo es esencial para una enseñanza eficaz, de tal forma que uno de los factores que conducen al éxito de un formador es el desarro 11 de una atmósfera psicológica positiva, en la que los alumnos puedan trahojar y aprender. Por tanto los objetivos de la dirección en el aula deben ser d : desarrollar una actitud psicológica positiva y hacer eficaz el aprendiI je.
            Bany y Johnson (1975) dividen la tarea del formador en tres grandes esquemas de actividad:




El formador como líder de un grupo debe facilitar y mantener un entorno positivo para el aprendizaje que permita la realización de las actividades de instrucción y evaluación. Un grupo que se halle desorganizado, que no tenga claros sus objetivos o que no esté cohesionado no será un buen grupo para el aprendizaje.

Por tanto el formador debe ayudar al grupo a identificar sus propias necesidades y proponer sus objetivos, a realizar lo que se ha decidido y a evaluar lo realizado, debe cuidar de que el grupo permanezca fiel a los objetivos propuestos, debe garantizar la unión entre los miembros del grupo y debe motivar a los alumnos hacia el aprendizaje (Beauchamp, Graveline y Quiviger, 1985).

Vamos a definir tres estilos de dirección: estilo autoritario, estilo democrático y estilo laissez-faire (Gibb, 1971; Aubry y Saint-Arnaud, 1972; Beauchamp, Graveline y Quiviger, 1985; Woolfolk y McCune, 1983). Cada formador realiza su trabajo de dirección del grupo conforme a su temperamento, según uno de los tres estilos de dirección. Esto es cierto, pero sólo en parte, porque ningún formador puede ser encasillado a priori y para siempre en un determinado estilo de dirección, como sucede con cualquier conducta docente hay que cambiar/o cuando la situación exija un cambio.

Resumimos las características del estilo autoritario en las siguientes:

•          Hay un estricto control por parte del docente que marca los objetivos, planifica las tareas, elige los materiales, evalúa el trabajo y fija las normas de la clase sin contar con los alumnos.

•          Indica el trabajo etapa por etapa dando un mínimo de información a los alumnos sobre el proceso total del trabajo.

•          Se itúa fuera del grupo en posición de superioridad, dirigiéndose a los alumnos individualmente Y no al grupo y adoptando un tono de autoridad.

•          El marco de encuentro estará previsto por el docente de antemano y no discutirá de ello con el grupo.

•          Como los objetivos son marcados por el propio docente, sin participación de los alumnos, será muy estricto en cuanto a la fidelidad a estos tal como  él los entiende, en caso de que se produzca desacuerdo en el grupo impondrá su parecer.

•          Preverá las actividades y procedimientos de antemano sin aceptar las sugerencias del grupo ni desviaciones de ningún tipo.

•          En el grupo las relaciones se centrarán en el formador pero hay poca comunicación, el clima es tenso y hay mucha hostilidad y agresividad movilizándose deseos de revancha en los miembros del grupo que procurarán satisfacer/os con los miembros más débiles del mismo que se verán transformados en chivos expiatorios.

•          En cuanto a la participación, es el formador quien lo dirige todo, los alumnos harán lo que el formador les diga pero sin iniciativa ni ingenio alguno, el «yo» prevalece sobre el «nosotros».

•          Con  respecto a la evaluación el formador tiende a no hacer/a, pero si se ve obligado impondrá su criterio y su manera personal de realizar/a, evitando que se le cuestione. Teme las reacciones del grupo y su evaluación.




El  estilo democrático se concreta en las siguientes características:

•          El formador conserva la dirección del grupo pero le presta ayuda para discutir a fondo la solución a problemas y tareas.

•          Ánima al grupo a organizarse como tal, procurando mover a todos los alumnos hacia una colaboración activa en los problemas respectivos.

•          Al indicar el trabajo indica su significado total, el núcleo central lo constituye la tarea como asunto común.

•          Prevé el marco de encuentro de antemano, pero discute con el grupo de ello para introducir mejoras o cambios.

•          Para la elección del objetivo ayuda al grupo a escoger pero es el grupo quien decide su propio objetivo. Una vez hecha la elección del objetivo mantiene al grupo en el objetivo que se ha marcado. Así mismo propone un abanico de procedimientos y actividades y solicita al grupo que elija y proponga otros nuevos, manteniéndolo luego en dicha elección.

•          Favorece la comunicación entre los miembros del grupo y con el formador mismo, dice «nosotros» cuando se dirige al grupo, facilita la actividad espontánea y la predisposición al trabajo común, crea :xn clima distendido de confianza y amistad que hace eficaz el aprendizaje.

•          El reparto de tareas se hace en común todos toman iniciativas y tienen responsabilidades.

•          En cuanto a la evaluación es muy importante para el formador democrático, que evalúa todos los aspectos posibles y da participación al grupo para escoger los mecanismos de la misma, no teme la evaluación porque aunque el grupo lo evalúe negativamente ve en ello una oportunidad de mejorar.



El estilo de dirección laissez-faire parte del concepto de que un grupo despliega sus propias fuerzas por sí solo, con tal que se le deje posibilidad suficiente para ello. Tiene las siguientes características:

•          El formador deja que todo suceda de una manera pasiva, condescendiente y sin intervenir, desinteresándose del proceso formativo y esperando que el grupo resuelva los problemas por si solo.

•          En relación al marco de encuentro, el docente a parte del lugar prácticamente no prevé nada más.

•          En cuanto al objetivo plantea su' elección de un modo muy general pero deja que el grupo vaya a su aire, por lo que puede suceder que no sea elegido por el grupo, sino por los líderes naturales del mismo que lo impondrán a los demás miembros haciendo surgir en ellos sentimientos de frustración.

•          Igual sucede con las actividades y procedimientos que apenas son propuestas por el formador, por lo que el grupo es requisado por sus líderes aún cuando ello no convenga a todos.

•          Las relaciones en el grupo son inestables, se da el aislamiento de determinados miembros y hay una impresión de ineficacia y pérdida de tiempo. Reina un sentimiento de desconcierto e inseguridad dentro del grupo que provoca desamparo en los miembros más impulsivos y terror en los más débiles. Se produce así un desmoronamiento del grupo con tendencia a la formación de clanes y pandillas y crecientes rivalidades.

•          La participación es vacilante, el formador deja hacer, surgen iniciativas por parte de algunos miembros (líderes) y pasividad por parte de otros.

•          El formador no piensa en la evaluación y si lo hace es de un modo muy general y superficial.


La elección de uno u otro estilo de dirección va a depender del tema que el docente enseñe, de las capacidades y expectativas de sus alumnos y de su propia personalidad. A modo general podemos decir que: cuanto más autoritario es el formador el grupo se siente más insatisfecho, cuanto más democrático es el formador más tiende el grupo a participar activamente y a abrirse, habrá más agresividad y oposición en el grupo dirigido por un formador autoritario que será más dependiente y menos original.

En todo proceso formativo que pretenda el crecimiento y desarrollo de las personas y los grupos, una dirección democrática será la única válida a largo plazo, aunque a corto plazo no parezca ser siempre la más eficaz. En situaciones en las que se busque la eficacia y el rendimiento inmediato será más apropiado otro tipo de dirección.



Es importante elegir el estilo de dirección adecuado en cada momento para que el aprendizaje sea eficaz y para desarrollar en los alumnos actitudes de cooperación y de autonomía, por eso es de vital importancia que en formación de formadores los alumnos conozcan las características de cada uno de los estilos de dirección así como sus repercusiones, y estén preparados para en un futuro elegir el estilo de dirección adecuado.